domingo, 8 de enero de 2017

TOLEDO, DOS MESES DE ORGIA DE SANGRE HASTA LA LIBERACION DEL ALCAZAR

Poco tardaron las milicias de los partidos del Frente Popular en iniciar la cacería en la capital castellanomanchega. Cerca de un millar de milicianos, que no estaban controlados por la Comandancia Militar, sino que eran dirigidos directamente por los partidos políticos, se dedicaron a sembrar la muerte en Toledo y los municipios próximos. Solamente en la ciudad del Tajo, en los dos meses que media desde el inicio de la Guerra Civil hasta la entrada de las tropas nacionales, hubo casi 500 asesinatos políticos.


Los crímenes empezaron el 23 de julio, pese a que toda la ciudad, salvo el Alcázar, estaba en manos gubernamentales. No había apoyo en la sociedad civil fuera de los muros de la fortaleza ni movimientos favorables al alzamiento. Dentro del edificio, un centenar de falangistas se había sumado a los sublevados.


A media tarde del día 23 de julio varios grupos de milicianos empezaron a detener a personalidades de la derecha y a religiosos. Mientras que las personas con vinculaciones políticas eran detenidas para ser interrogadas, los curas y monjas que eran detenidos, eran asesinados sobre la marcha. Sin proceso ninguno ni simulacro de “justicia popular”.


Hasta tal punto era dura la represión que se cometía en la retaguardia que los mandos de la Columna Toledo, encargada del asedio al Alcázar, llegan a pedir en sus informes que se controle la situación para no tener que distraer sus esfuerzos bélicos.


En muchas ocasiones, los desmanes frentepopulistas eran respuestas a un éxito militar de los defensores del Alcázar. Así ocurrió con el mayor fusilamiento masivo cometidos durante los poco más de dos meses de resistencia. La noche del 22 de agosto, un avión del bando nacional sobrevoló a baja altura el edificio y pudo arrojar al patio suministros para los sitiados. A la mañana siguiente, dos aviones republicanos bombardearon intentando derribar un muro del Alcázar, pero fallaron con la puntería y las bombas impactaron en la vanguardia frentepopulista causando docenas de muertos.

Como represalia al error de la aviación gubernamental, los milicianos de la retaguardia asaltaron la cárcel de Toledo esa misma noche y sacaron a 70 presos que fueron atados por parejas y llevados a la puerta del Cambrón, donde habían dispuesto dos ametralladoras con las que se asesinó a los prisioneros, a los que se dejó morir desangrados, sin dar el tiro de gracia. Entre los muertos se encontraba Luis Moscardó, hijo del militar que dirigía la defensa del Alcázar. Esa misma tarde se había producido la famosa conversación telefónica entre padre e hijo.


El único intento por aparentar que se intentaba controlar la represión de los milicianos en la retaguardia se produjo el 2 de septiembre, cuando se llevaba asesinando seis semanas y ya habían muerto centenares de personas. Se formó un “Tribunal Popular” en la sede del antiguo Palacio Arzobispal. Presidido por tres magistrados de carrera y con representación de todos los partidos y sindicatos del Frente Popular, fue sistemáticamente ignorado por las milicias que siguieron asesinando hasta el mismo 27 de septiembre, día en el que la columna de Badajoz liberó la ciudad del terror rojo.

Fuente: La Gaceta

viernes, 6 de enero de 2017

LOS TRES REYES MAGOS ADORAN AL VERBO HUMANADO EN BELÉN - VENERABLE MADRE AGREDA



Vienen los tres Reyes magos del oriente y adoran al Verbo humanado en Belén. 

552. Los tres Reyes magos que vinieron en busca del Niño Dios recién nacido eran naturales de la Persia [Iran], Arabia y Sabbá [Yemen] (Sal 71, 10), partes orientales de Palestina. Y su venida profetizaron señaladamente el Santo Rey David, y antes de él Balaán, cuando por voluntad divina bendijo al pueblo de Israel, habiéndole conducido el rey Balaac de los moabitas para que le maldijese (Num 23-24). Entre estas bendiciones dijo Balaán que vería al rey Cristo, aunque no luego, y que le miraría, aunque no muy cerca (Num 24, 17); porque no lo vio por sí sino por los Magos sus descendientes, ni fue luego sino después de muchos siglos. Dijo también que nacería una estrella de Jacob (Num 24, 17), porque sería para señalar al que nacía para reinar eternamente en la casa de Jacob (Lc 1, 32). 

553. Eran estos tres Santos Reyes muy sabios en las ciencias naturales y leídos en las Escrituras del pueblo de Dios, y por su mucha ciencia fueron llamados Magos. Y por las noticias de las Escrituras y conferencias con algunos de los hebreos, llegaron a tener alguna creencia de la venida del Mesías que aquel pueblo esperaba. Eran a más de esto hombres rectos, verdaderos y de gran justicia en el gobierno de sus estados; que como no eran tan dilatados como los reinos de estos tiempos, los gobernaban con facilidad por sí mismos y administraban justicia como reyes sabios y prudentes; porque éste es el oficio legítimo del rey, y para eso dice el Espíritu Santo que tiene Dios su corazón en las manos (Prov 21, 1), para encaminarle como las divisiones de las aguas a lo que fuere su santa voluntad. Tenían también corazones grandes y magnánimos, sin la avaricia ni codicia, que tanto los oprime y envilece y apoca los ánimos de los príncipes. Y por estar vecinos en los estados estos Magos y no lejos unos de otros, se conocían y comunicaban en las virtudes morales que tenían y en las ciencias que profesaban, y se noticiaban de cosas mayores y superiores que alcanzaban; en todo eran amigos y correspondientes fidelísimos. 

554. Ya queda dicho en el capítulo 11, núm. 492, cómo la misma noche que nació el Verbo humanado fueron avisados de su natividad temporal por ministerio de los Santos Ángeles. Y sucedió en esta forma: que uno de los custodios de nuestra Reina, superior a los que tenían aquellos tres Reyes, fue enviado desde el portal, y como superior ilustró a los tres Ángeles de los Reyes, declarándoles la voluntad y legacía del Señor, para que ellos, cada uno a su encomendado, manifestase el misterio de la encarnación y nacimiento de Cristo nuestro Redentor. Luego los tres Ángeles hablaron en sueños, cada cual al Mago que le tocaba, en una misma hora. Y éste es el orden común de las revelaciones angélicas, pasar del Señor a las almas por el de los mismos Ángeles. Fue esta ilustración de los Reyes muy copiosa y clara de los misterios de la encarnación, porque fueron informados cómo era nacido el Rey de los Judíos, Dios y hombre verdadero, que era el Mesías y Redentor que esperaban, el que estaba prometido en sus Escrituras y profecías, y que les sería dada para buscarle aquella estrella que Balaán había profetizado. Entendieron también los tres Reyes, cada uno por sí, cómo se daba este aviso a los otros dos, y que no era beneficio ni maravilla para quedarse ociosa, sino que obrasen a la luz divina lo que ella les enseñaba. Fueron elevados y encendidos en grande amor y deseos de conocer a Dios hecho hombre, adorarle por su Criador y Redentor y servirle con más alta perfección, ayudándoles para todo esto las excelentes virtudes morales que habían adquirido, porque con ellas estaban bien dispuestos para recibir la luz divina. 

555. Después de esta revelación del cielo, que tuvieron los tres Santos Reyes Magos en sueño, salieron de él y luego se postraron a una misma hora en tierra y pegados con el polvo adoraron en espíritu al ser de Dios inmutable. Engrandecieron su misericordia y bondad infinita, por haber tomado el Verbo divino carne humana de una Virgen para redimir al mundo y dar salud eterna a los hombres. Luego todos tres, gobernados singularmente con un mismo espíritu, determinaron partir sin dilación a Judea en busca del niño Dios, para adorarle. Previnieron los tres dones que llevarle, oro, incienso y mirra en igual cantidad, porque en todo eran guiados con misterio, y sin haberse comunicado fueron uniformes en las disposiciones y determinaciones. Y para partir con presteza a la ligera, prepararon el mismo día lo necesario de camellos, recámara y criados para el viaje. Y sin atender a la novedad que causaría en el pueblo, ni que iban a reino extraño y con poca autoridad ni aparato, sin llevar noticia cierta de lugar ni señas para conocer al niño, determinaron con fervoroso celo y ardiente amor partir luego a buscarle. 


556. Al mismo tiempo, el Santo Ángel que fue desde Belén a los Reyes formó de la materia del aire una estrella refulgentísima, aunque no de tanta magnitud como las del firmamento, porque ésta no subió más alta que pedía el fin de su formación y quedó en la región aérea para encaminar y guiar a los santos Reyes hasta el portal donde estaba el Niño Dios. Pero era de claridad nueva y diferente que la del sol y de las otras estrellas, y con su luz hermosísima alumbraba de noche, como antorcha lucidísima, y de día se manifestaba entre el resplandor del sol con extraordinaria actividad. Al salir de su casa cada uno de estos Reyes, aunque de lugares diferentes, vieron la nueva estrella (Mt 2, 2), siendo ella una sola; porque fue colocada en tal distancia y altura que a todos tres pudo ser patente a un mismo tiempo. Y encaminándose todos tres hacia donde los convidaba la milagrosa estrella, se juntaron brevemente; y luego se les acercó mucho más, bajando y descendiendo multitud de grados en la región del aire, con que gozaban más inmediatamente de su refulgencia. Y confirieron juntos las revelaciones que habían tenido y los intentos que cada uno llevaba, que eran uno mismo. Y en esta conferencia se encendieron más en la devoción y deseos de adorar al Niño Dios recién nacido. Quedaron admirados y magnificando al Todopoderoso en sus obras y encumbrados misterios. 

557. Prosiguieron los Magos sus jornadas, encaminados de la estrella, sin perderla de vista hasta que llegaron a Jerusalén; y así por esto como porque aquella gran ciudad era la cabeza y metrópoli de los judíos, sospecharon que ella sería la patria donde había nacido su legítimo y verdadero Rey. Entraron por la ciudad, preguntando públicamente por él, y diciendo (Mt 2, 1ss): ¿A dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque en el oriente hemos visto su estrella que manifiesta su nacimiento y venimos a verle y adorarle.—Llegó esta novedad a los oídos de Herodes, que a la sazón, aunque injustamente, reinaba en Judea y vivía en Jerusalén; y sobresaltado el inicuo Rey con oír que había nacido otro más legítimo, se turbó y escandalizó mucho, y con él toda la ciudad se alteró; unos por lisonjearle y otros por el temor de la novedad. Y luego, como San Mateo refiere (Mt 2, 1ss), mandó Herodes hacer junta de los príncipes de los sacerdotes y escribas, y les preguntó dónde había de nacer Cristo, a quien ellos, según sus profecías y escrituras, esperaban. Respondiéronle que, según el vaticinio de un profeta, que es Miqueas (Miq 5,2), había de nacer en Belén, porque dejó escrito que de ella saldría el Gobernador que había de regir el pueblo de Israel. 

558. Informado Herodes del lugar del nacimiento del nuevo Rey de Israel y meditando desde luego dolosamente destruirle, despidió a los sacerdotes y llamó secretamente a los Santos Reyes Magos para informarse del tiempo que habían visto la estrella pregonera de su nacimiento. Y como ellos con sinceridad se lo manifestasen, los remitió a Belén, y les dijo, con disimulada malicia: Id y preguntad por el infante, y en hallándole me daréis luego aviso, para que yo también vaya a reconocerle y adorarle.—Partieron los Magos, quedando el hipócrita rey mal seguro y congojado con señales tan infalibles de haber nacido en el mundo el Señor legítimo de los judíos. Y aunque pudiera sosegarle en la posesión de su grandeza el saber que no podía reinar tan prestó un niño recién nacido, pero es tan débil y engañosa la prosperidad humana, que sólo un infante la derriba, y un amago, aunque sea de lejos, y sólo imaginarlo impide todo el consuelo y gusto que engañosamente ofrece a quien la tiene. 

559. En saliendo los Magos de Jerusalén, hallaron la estrella que a la entrada habían perdido y con su luz llegaron a Belén y al portal del nacimiento, sobre el cual detuvo su curso y se inclinó entrando por la puerta y menguando su forma corporal, hasta ponerse sobre la cabeza del infante Jesús, no paró, y le bañó todo con su luz, y luego se deshizo y resolvió la materia de que se formó primero. Estaba ya nuestra gran Reina prevenida por el Señor de la llegada de los Santos Reyes, y cuando entendió que estaban cerca del portal, dio noticia de ello al santo esposo José, no para que se apartase, sino para que asistiese a su lado, como lo hizo. Y aunque el texto sagrado del evangelio no lo dice, porque esto no era necesario para el misterio, como tampoco otras cosas que dejaron los evangelistas en silencio, pero es cierto que el santo José estuvo presente cuando los Reyes adoraron al infante Jesús. Y no era necesario cautelar esto, porque los Magos venían ya ilustrados de que la Madre del recién nacido era Virgen y él Dios verdadero y no hijo de San José. Ni Dios trajera a los Santos Reyes para que le adorasen y, por no estar catequizados, faltasen en cosa tan esencial como juzgarle por hijo de José y de madre no virgen; de todo venían ilustrados y sintiendo altísimamente de lo perteneciente a tan magníficos y encumbrados sacramentos. 

560. Aguardaba la divina Madre con el infante Dios en sus brazos a los devotos y piadosos Reyes, y estaba con incomparable modestia y hermosura, descubriendo entre la humilde pobreza indicios de majestad más que humana, con algo de resplandor en el rostro. El niño le tenía mucho mayor y derramaba grande refulgencia de luz, con que estaba toda aquella caverna hecha cielo. Entraron en ella los tres Santos Reyes orientales y a la vista primera del Hijo y de la Madre quedaron por gran rato admirados y suspensos. Postráronse en tierra y en esta postura reverenciaron y adoraron al infante, reconociéndole por verdadero Dios y hombre y reparador del linaje humano. Y con el poder divino y vista y presencia del dulcísimo Jesús, fueron de nuevo ilustrados interiormente. Conocieron la multitud de espíritus angélicos que, como siervos y ministros del gran Rey de los reyes y Señor de los señores (Ap 19,16), asistían con temblor y reverencia. Levantáronse en pie y luego dieron la enhorabuena a su Reina y nuestra de ser Madre del Hijo del eterno Padre, y llegaron a darle reverencia, hincadas las rodillas. Pidiéronle la mano para besársela, como en sus reinos se acostumbraba con las reinas. La prudentísima Señora retiró la suya y ofreció la del Redentor del mundo, y dijo: Mi espíritu se alegró en el Señor y mi alma le bendice y alaba; porque entre todas las naciones os llamó y eligió, para que con vuestros ojos lleguéis a ver y conocer lo que muchos reyes y profetas desearon (Lc 10,24) y no lo consiguieron, que es al eterno Verbo encarnado y humanado. Magnifiquemos y alabemos su nombre por los sacramentos y misericordias que usa con su pueblo, besemos la tierra que santifica con su real presencia. 

561. Con estas razones de María santísima se humillaron de nuevo los tres Reyes, adorando al infante Jesús, y reconocieron el beneficio grande de haberles nacido tan temprano el Sol de Justicia, para ilustrar sus tinieblas. Hecho esto, hablaron al santo esposo José, engrandeciendo su felicidad de ser esposo de la Madre del mismo Dios, y por ella le dieron la enhorabuena, admirados y compadecidos de tanta pobreza y que en ella se encerrasen los mayores misterios del cielo y tierra. Pasaron en estas cosas tres horas, y los Reyes pidieron licencia a María santísima para ir a la ciudad a tomar posada, por no haber lugar para detenerse en la cueva y estar en ella. Seguíanlos alguna gente, pero solos los Magos participaron los efectos de la luz y de la gracia. Los demás, que sólo paraban y atendían a lo exterior y miraban el estado pobre y despreciable de la Madre y de su esposo, aunque tuvieron alguna admiración de la novedad, no conocieron el misterio. Despidiéronse y fuéronse los Reyes, y quedaron María y José con el infante solos, dando gloria a Su Majestad con nuevos cánticos de alabanza, porque su nombre comenzaba a ser conocido y adorado de las gentes. Lo demás que hicieron los Reyes, diré en el capítulo siguiente. 


Doctrina que me dio la Reina del cielo. 

562. Hija mía, en los sucesos que contiene este capítulo, había gran fundamento para enseñar a los reyes y príncipes, y a los demás hijos de la Iglesia Santa, en la pronta devoción y humildad de los Magos, para imitarla, y en la dureza inicua de Herodes, para temerla; porque cada uno cogió el fruto de sus obras. Los Reyes, de las muchas virtudes y justicia que guardaban, y Herodes, de su ciega ambición y soberbia, con que injustamente reinaba, y de otros pecados en que le despeñó su inclinación sin rienda ni moderación. Pero basta esto para los que viven en el mundo, y las demás doctrinas que tienen en la Santa Iglesia; para ti debes aplicar la enseñanza de lo que has escrito, advirtiendo que toda la perfección de la vida cristiana se ha de fundar en las verdades católicas y en el conocimiento de ellas constante y firme, como lo enseña la santa fe de la Iglesia. Y para más imprimirlas en tu corazón, te has de aprovechar de todo lo que leyeres y oyeres de las divinas Escrituras y de otros libros devotos y doctrinales de las virtudes. Y a esta fe santa ha de seguir la ejecución de ellas, con abundancia de todas las buenas obras, esperando siempre la visitación y venida (Tit 2,13) del Altísimo. 

563. Con esta disposición estará tu voluntad pronta, como yo la quiero, para que en ti halle la del Todopoderoso la suavidad y rendimiento necesario para no tener resistencia a lo que te manifestare, sino que en conociéndolo lo ejecutes, sin otros respetos de criaturas. Y te ofrezco que, si lo hicieres como debes, yo seré tu estrella y te guiaré por las sendas del Señor (Prov 4,11), para que con velocidad camines hasta ver y gozar en Sión (Sal 83, 8) de la cara de tu Dios y sumo bien. En esta doctrina, y en lo que sucedió a los devotos Reyes del oriente, se encierra una verdad esencialísima para la salvación de las almas; pero conocida de muy pocas y advertida de menos: esto es, que las inspiraciones y llamamientos que envía Dios a las criaturas regularmente tienen este orden: que las primeras mueven a obrar algunas virtudes, y si a éstas responde el alma, envía el Altísimo otras mayores para obrar más excelentemente, y aprovechándose de unas se dispone para otras y recibe nuevos y mayores auxilios; y por este orden van creciendo los favores del Señor, según la criatura va correspondiendo a ellos. De donde entenderás dos cosas: la una, cuan grave daño es despreciar las obras de cualquiera virtud y no ejecutarlas según las divinas inspiraciones dictan; la segunda, que muchas veces daría Dios grandes auxilios a las almas, si ellas comenzasen a responder con los menores; porque está aparejado y como esperando que le den lugar, para obrar según la equidad de sus juicios y justicia, y porque desprecian este orden y proceder de sus vocaciones, suspende el corriente de su divinidad y no concede lo que él desea y las almas habían de recibir, si no pusieran óbice e impedimento, y por esto van de un abismo en otro (Sal 41, 8). 

564. Los Magos y Herodes llevaron encontrados caminos; que los unos correspondieron con buenas obras a los primeros auxilios e inspiraciones, y así se dispusieron con muchas virtudes para ser llamados y traídos por la revelación divina al conocimiento de los misterios de la encarnación, nacimiento del Verbo divino y redención del linaje humano, y de esta felicidad a la de ser santos y perfectos en el camino del cielo. Por el contrario le sucedió a Herodes, que su dureza y desprecio que hizo de obrar bien con los auxilios del Señor, le trajo a tan desmedida soberbia y ambición, y estos vicios le arrastraron hasta el último precipicio de crueldad, intentando quitar la vida, primero que otro alguno de los hombres, al Redentor del mundo, y fingirse para esto piadoso y devoto con simulada piedad, y reventando su furiosa indignación y por encontrarle, quitó la vida a los niños inocentes para que no se frustrasen sus dañados y perversos intentos. 


Vuelven los Reyes magos por segunda vez a ver y adorar al infante Jesús, ofrécenle sus dones y despedidos toman otro camino para sus tierras. 

565. Del portal del nacimiento, a donde los tres Reyes entraron vía recta desde su camino, se fueron a descansar a la posada dentro de la ciudad de Belén; y retirándose aquella noche a un aposento a solas, estuvieron grande espacio de tiempo, con abundancia de lágrimas y suspiros, confiriendo lo que habían visto y los efectos que a cada uno había causado y lo que habían notado en el Niño Dios y en su Madre santísima. Con esta conferencia se inflamaron más en el amor divino, admirándose de la majestad y resplandor del infante Jesús, de la prudencia, severidad y pudor divino de la Madre, de la santidad del esposo San José y de la pobreza de todos tres, de la humildad del lugar donde había querido nacer el Señor de tierra y cielo. Sentían los devotos Reyes la llama del divino incendio que abrasaba sus piadosos corazones, y sin poderse contener rompían en razones de gran dulzura y acciones de mucha veneración y amor. Decían: ¿Qué fuego es éste que sentimos? ¿Qué eficacia la de este gran Rey, que nos mueve a tales deseos y afectos? ¿Qué haremos para tratar con los hombres? ¿Cómo pondremos modo y tasa a nuestros gemidos y suspiros? ¿Qué harán los que han conocido tan oculto, nuevo y soberano misterio? ¡Oh grandeza del Omnipotente escondida (Is 45,15) por los hombres y disimulada en tanta pobreza! ¡Oh humildad nunca imaginada de los mortales! ¡Quién os pudiera traer a todos para que ninguno se privara de esta felicidad! 

566. Entre estas divinas conferencias se acordaron los Magos de la estrecha necesidad que tenían Jesús, María y José en su cueva y determinaron enviarles luego algún regalo en que les mostrasen su caricia, y ellos diesen aquel ensanche al afecto que tenían de servirlos, mientras no podían hacer otra cosa. Remitiéronles con sus criados muchos de los regalos que para ellos estaban prevenidos y otros que buscaron. Recibiéronlos María santísima y San José con humilde reconocimiento; y el retorno fue, no gracias secas, como hacen los demás, sino muchas bendiciones eficaces de consuelo espiritual para los tres Reyes. Tuvo con este regalo nuestra gran Reina y Señora con qué hacerles a sus ordinarios convidados, los pobres, opulenta comida; que acostumbrados a sus limosnas y más aficionados a la suavidad de sus palabras, la visitaban y buscaban de ordinario. Los Reyes se recogieron llenos de incomparable júbilo del Señor, y en sueños los avisó el ángel de su jornada. 

567. El día siguiente en amaneciendo volvieron a la cueva del nacimiento, para ofrecer al Rey celestial los dones que traían prevenidos. Llegaron y postrados en tierra le adoraron con nueva y profundísima humildad, y abriendo sus tesoros, como dice el evangelio (Mt 2, 11), le ofrecieron oro, incienso y mirra. Hablaron con la divina Madre y le consultaron muchas dudas y negocios de los que tocaban a los misterios de la fe y cosas pertenecientes a sus conciencias y gobierno de sus estados; porque deseaban volver de todo informados y capaces para gobernarse santa y perfectamente en sus obras. La gran Señora los oyó con sumo agrado, y cuando la informaban confería con el infante en su interior todo lo que había de responder y enseñar a aquellos nuevos hijos de su ley santa. Y como maestra e instrumento de la sabiduría divina respondió a todas las dudas que le propusieron tan altamente, santificándolos y enseñándoles de suerte que, admirados y atraídos de la ciencia y suavidad de la Reina, no podían apartarse de ella, y fue necesario que uno de los Ángeles del Señor les dijese que era su voluntad y forzoso el volverse a sus patrias. Y no es maravilla que esto les sucediese, porque a las palabras de María santísima fueron ilustrados del Espíritu Santo y llenos de ciencia infusa en todo lo que preguntaron y en otras muchas materias. 


568. Recibió la divina Madre los dones de los Reyes y en su nombre los ofreció al infante Jesús. Y su Majestad con agradable semblante mostró que los admitía y les dio su bendición, de manera que los mismos Reyes lo vieron y conocieron que la daba en retorno de los dones ofrecidos, con abundancia de dones del cielo y más de ciento por uno (Mt 19, 29). A la divina Princesa ofrecieron algunas joyas, al uso de su patria, de gran valor, pero esto, que no era de misterio ni pertenecía a él, se lo volvió Su Alteza a los Reyes y sólo reservó los tres dones de oro, incienso y mirra. Y para enviarlos más consolados, les dio algunos paños de los que había envuelto al niño Dios, porque ni tenía ni podía haber otras prendas visibles con que enviarlos enriquecidos de su presencia. Recibieron los tres Reyes estas reliquias con tanta veneración y aprecio, que guarneciéndolas en oro y piedras preciosas las guardaron. Y en testimonio de su grandeza derramaban tan fragancia de sí y daban tan copioso olor, que se percibía casi de una legua de distancia. Pero con esta calidad y diferencia, que sólo se comunicaba a los que tenían fe de la venida de Dios al mundo, y los demás incrédulos no participaron de este favor, ni sentían la fragancia de las preciosas reliquias, con las cuales hicieron grandes milagros en sus patrias. 

569. Ofrecieron también los Reyes a la Madre del dulcísimo Jesús servirla con sus haciendas y posesiones, y que si no gustaba de ellas y quería vivir en aquel lugar del nacimiento de su Hijo santísimo, le edificarían allí casa para estar con más comodidad. Estos ofrecimientos agradeció la prudentísima Madre sin admitirlos. Y para despedirse de ella los Reyes, la rogaron con íntimo afecto del corazón que jamás se olvidase de ellos, y así se lo prometió y cumplió; y lo mismo pidieron a San José. Y con la bendición de todos tres se despidieron con tal afecto y ternura, que parecía dejaban allí sus corazones, en lágrimas y suspiros convertidos. Tomaron otro camino diferente, por no volver a Herodes por Jerusalén, que el Ángel aquella noche les amonestó en sueños no lo hiciesen. Y al partir de Belén fueron guiados por otro camino, apareciéndoles la misma u otra estrella para este intento, y los llevó hasta el lugar donde se habían juntado y de allí cada uno volvió a su patria. 

570. Lo restante de la vida de estos felicísimos Reyes fue correspondiente a su divina vocación, porque en sus estados vivieron y procedieron como discípulos de la Maestra de la santidad, por cuya doctrina gobernaron sus almas y sus reinos. Y con su ejemplo, vida y noticia que dieron del Salvador del mundo, convirtieron gran número de almas al conocimiento de Dios y camino de la salvación. Y después de esto, llenos de días y merecimientos, acabaron su carrera en santidad y justicia, siendo favorecidos en vida y muerte de la Madre de misericordia. Despedidos los Reyes, quedaron la divina Señora y San José en nuevos cánticos de alabanza por las maravillas del Altísimo. Y conferíanlas con las divinas Escrituras y profecías de los Patriarcas, conociendo cómo se iban cumpliendo en el infante Jesús. Pero la prudentísima Madre, que profundamente penetraba estos altísimos sacramentos, lo conservaba todo y lo confería consigo misma en su pecho (Lc 2, 19). Los Santos Ángeles que asistían a estos misterios dieron la enhorabuena a su Reina, de que fuese su Hijo santísimo conocido, adorado por los hombres y Su Majestad humanado, y le cantaron nuevos cánticos, magnificándole por las misericordias que obraban con los hombres. 


Doctrina que me dio la Reina del cielo María santísima. 

571. Hija mía, grandes fueron los dones que ofrecieron los Reyes a mi Hijo santísimo, pero mayor el afecto de amor con que los daban y el misterio que significaban; por todo esto le fueron muy aceptos y agradables a Su Majestad. Esto quiero yo que tú le ofrezcas, dándole gracias porque te hizo pobre en el estado y profesión; porque te aseguro, amiga, que no hay para el Altísimo otro más precioso don ni ofrenda que la pobreza voluntaria, pues son muy pocos hoy en el mundo los que usan bien de las riquezas temporales y que las ofrezcan a su Dios y Señor con la largueza y afecto que estos Santos Reyes. Los pobres del Señor, tanto número como hay, experimentan bien y testifican cuan cruel y avarienta se ha hecho la naturaleza humana, pues con haber tantos necesitados, son tan pocos remediados de los ricos. Esta impiedad tan descortés de los nombres ofende a los Ángeles y contrista al Espíritu Santo, viendo a la nobleza de las almas tan envilecida y abatida, sirviendo todos a la torpe codicia del dinero con sus fuerzas y potencias. Y como si se hubieran criado para sí solos las riquezas, así se las apropian y las niegan a los pobres, sus hermanos de su misma carne y naturaleza; y al mismo Dios que las crió no se las dan, siendo el que las conserva y puede darlas y quitarlas a su voluntad. Y lo más lamentable es que, cuando pueden los ricos comprar la vida eterna con la hacienda (Lc 16 9), con ella misma granjean su perdición, por usar de este beneficio del Señor como hombres insensatos y estultos. 

572. Este daño es general en los hijos de Adán, y por eso es tan excelente y segura la voluntaria pobreza; pero en ella, partiendo con alegría lo poco con el pobre, se hace ofrenda grande al Señor de todos. Y tú puedes hacerla de lo que te toca para tu sustento, dando una parte al pobre, deseando remediar a todos, si con tu trabajo y sudor fuera posible. Pero tu continua ofrenda ha de ser las obras de amor, que es el oro, y la oración continua, que es el incienso, y la tolerancia igual en los trabajos y verdadera mortificación en todo, que es la mirra. Y lo que obrares por el Señor, ofrécelo con fervoroso afecto y prontitud, sin tibieza ni temor, porque las obras remisas o muertas no son sacrificio aceptable a los ojos de Su Majestad. Para ofrecer incesantemente estos dones de tus propios actos es menester que la fe y la luz divina esté siempre encendida en tu corazón, proponiéndote el objeto a quien has de alabar, magnificar y el estímulo de amor con que siempre estás obligada de la diestra del Altísimo, para que no ceses en este dulce ejercicio, tan propio de las esposas de Su Majestad, pues el título es significación de amor y deuda de continuo afecto. 


MISTICA CIUDAD DE DIOS 
VIDA DE LA VIRGEN MARÍA 
Venerable María de Jesús de Agreda 
Libro IV, Cap. 16 y 17.

jueves, 5 de enero de 2017

LAS DUDAS SOBRE LOS CARDENALES DE LA DUBIA


Las dudas sobre los Cardenales de la dubia - En los últimos dos meses los católicos han oído hablar mucho de la Dubia [dudas] - la carta enviada por los cuatro cardenales a Francisco pidiendo aclaraciones sobre los textos ambiguos en la exhortación apostólica Amoris Laetitia (AL). Los cuatro cardenales son el norteamericano Raymond Burke, el italiano Carlo Cafarra, y los alemanes Walter Brandmüller y Joachim Meisner. Burke es el único prelado activo; los otros tres están retirados.


Desde la parte superior izquierda: cardenales Burke, Meisner, Cafarra, Brandmüller. 
Foto por LifeSiteNews

La Dubia son cinco preguntas dirigidas al Papa solicitando una respuesta. Es una tradición en la Iglesia para Prelados de acercarse a las Sagradas Congregaciones de la Santa Sede, o incluso al Papa, con sus preguntas, escritas muy clara y breve. Normalmente reciben respuestas concisas, un simple sí o No.

Estas preguntas - cuyo texto completo y el contexto podemos leer aquí - básicamente responder a esta pregunta: ¿Es posible que un civil católico divorciado casado de nuevo que no recibieron una anulación de la Iglesia de su primer matrimonio pueda recibir la comunión? Esta pregunta está motivada por el hecho de que algunas partes de Amoris Laetitia insinúan fuertemente que se concede el permiso. En otras palabras, la pregunta básica de los cardenales es la siguiente: ¿Es posible para una persona en pecado mortal que pueda recibir la comunión?

Las preguntas fueron enviadas primero al Papa y al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero dado que los cardenales no recibió una respuesta, hicieron público su documento el 14 de noviembre de 2016. Desde entonces, diversas entrevistas y declaraciones de Burke y Brandmüller han alimentado el debate.

A esta interpelación caliente hay que añadir una carta pública de apoyo, seguido de entrevistas y declaraciones, de otro nuevo héroe del conservadurismo, el obispo Atanasio Schneider, que está poniendo aún más pimienta en la salsa al hablar de un cisma que está creciendo dentro de la Iglesia. Los cismáticos serían los progresistas de la línea Kasper que quieren liberalizar la comunión a los católicos divorciados vueltos a casar.

Teniendo en cuenta esta cuestión, ¿qué debemos pensar en el Dubia?

Para ser objetivo y claro, vamos a distinguir tres perspectivas diferentes intermedias en este problema.

1. Lógicamente

A- Si tenemos en cuenta el contenido de ambos Amoris Laetitia y el documento de los Cardenales desde la perspectiva lógica, vemos que los prelados disidentes tomaron una posición de ganar-ganar. Es obvio que un Papa no puede permitir explícitamente que cualquiera pueda recibir la comunión si se encuentra en estado de pecado mortal.

Si el Papa fuera a permitir explícitamente esto, sería a quemarropa cometer sacrilegio, inducir a toda la Iglesia para hacerlo y separarse del pasado Magisterio de la Iglesia. Por lo tanto, es obvio que el Papa no puede descaradamente decir: " Sí, estoy permitiendo que una persona en pecado mortal pueda recibir la comunión"

También es obvio que no va a decir claramente: "No, nadie puede recibir la comunión en estado de pecado mortal ". Porque, de hecho, él está insinuando lo más posible que las personas divorciadas / vueltas a casar pueden recibir la comunión.

Por lo tanto, si es obvio que no puede decir sí o no, ¿por qué los cardenales escribieron la carta? Como sabían que no iban a recibir una respuesta, eligieron deliberadamente para poner al Papa en una situación muy embarazosa. ¿Por qué? En el análisis estratégico (por debajo n. 3) Voy a analizar esta duda sobre el objetivo de la Dubia.

Francisco casó a 20 parejas que viven en pecado, sin pedir confesión y les dio la comunión. 

B- Aun así abordar el contenido, ¿por qué los cardenales ignoran muchas otras situaciones tan graves como la que se centraron? De hecho, en Amoris Laetitia Francisco a abierto las puertas no sólo para los divorciados / católicos vueltos a casar para recibir la comunión, sino también para toda una serie de otras personas en situaciones escandalosas que están objetivamente en pecado mortal, como los que se involucran en relaciones sexuales prematrimoniales, cohabitar regularmente sin estar casados, utilizar métodos artificiales de control de la natalidad y la práctica de la homosexualidad. Estos puntos fueron analizados en mi estudio previo de Amoris Laetitia.

Esta omisión se hace aún más sospechosa si tenemos en cuenta que si los cardenales hubieran expuesto el espectro completo de insinuaciones en Amoris laetitia, quedaría claro que Francisco utiliza insinuaciones como un método para abrir las puertas de los abusos en materia doctrinal en el que no se puede hacer de manera explícita. ¿Por qué los cardenales no hablan acerca de este método?
Si este método de liberalización de la necesidad de estar en estado de gracia para recibir los Sacramentos habría sido claramente expuesto por los cardenales, habría reforzado el hecho de que el Papa no puede responder a su Dubia. Una vez más, surge la pregunta: ¿Por qué escribieron su carta cuando estaba claro que Francisco no respondería?

Además, ¿por qué no hacen mención de la multitud de otros escritos, discursos, acciones y gestos tan frecuentemente hechos por Francisco durante su pontificado que favorecen directa e indirectamente permitiendo a la gente en estado de pecado mortal - incluso el pecado de herejía - recibir ¿la Comunión? Las mismas dudas de la letra B se ven reforzados por esta omisión.

2. Moralmente

A- Desde el punto de vista moral, es muy bueno para los católicos que cuatro cardenales refuerzan la enseñanza tradicional de la Iglesia. Vivimos en un mundo horrible, moralmente hablando, y para nosotros es más oportuno para tener las verdades perennes de la Iglesia reafirmadas por las autoridades religiosas. Tenemos un cierto número de sacerdotes tradicionalistas y algunos obispos que todavía se repiten la doctrina inmutable de la Iglesia. Pero es muy saludable para ver cuatro cardenales que toman una posición correcta.

B- Un fallo moral grave que he observado en la carta explicativa de la Dubia es que los cardenales son los defensores del amor como el objetivo primario del matrimonio. Tomando esta posición, se adhieren a la revolución hecha por el Vaticano II, que invierte los objetivos de la unión. Los objetivos tradicionales fueron los siguientes: en primer lugar, la procreación y la educación de la prole; en segundo, el apoyo mutuo de los cónyuges. Al presentar el amor como el primer rol, los cardenales muestran que no quieren volver al Magisterio tradicional, ya que no lo pretenden hacer.


Burke no quiere volver a la tradición, pero si a los tiempos de JPII y Benedicto XVI.

C- Otro defecto moral que veo en su declaración es que, a pesar de algunas pocas menciones de los Mandamientos y una cita del Evangelio, casi la totalidad de su documentación se basa en la enseñanza de Juan Pablo II. Los Cardenales afirman públicamente que están repitiendo la doctrina tradicional, pero los documentos que se citan son sólo los del post-Vaticano II y Papa Wojtyla.

Ahora bien, JPII estaba muy lejos de ser un maestro de la moral. A pesar de que a veces repitió la enseñanza tradicional de la Iglesia, habitualmente su enfoque moral era un afluente del personalismo de Max Scheler, que se opone a la filosofía tradicional de la Iglesia. Su teología del cuerpo es claramente inmoral; panegíricos del nudismo no son raros en sus obras, y en las JMJ implícitamente promueven el amor libre entre los jóvenes. Si los cardenales querían defender la moral perenne de la Iglesia, ¿por qué se fundan en esta fuente contaminada?

El fracaso de los Cardenales al no citar el inmenso conjunto de documentos tradicionales de la Iglesia sobre el matrimonio y la comunión es una omisión para fomentar la idea de que la iglesia conciliar - a la que pertenecen los cuatro cardenales - es diferente del Magisterio antes del Vaticano II. Se podría incluso decir que los propios cardenales están en cisma en práctico en relación con el pasado de la Iglesia. Sin embargo, esta es la misma acusación hecha por el Obispo Schneider y, más recientemente, de la carta de Brandmüller, en contra de aquellos que no aceptan las enseñanzas de Juan Pablo II. ¿Por qué esta posición contradictoria?

3. Estratégicamente hablando

Con el aumento de la velocidad en la Revolución Bergogliana, que fue creada por nada menos que Benedicto XVI, el número de reacciones en contra de Francisco está creciendo. Recientemente, incluso un periódico como The Wall Street Journal lo calificó de "el líder de la izquierda mundial."

Para catalizar estas reacciones, nada podría ser más conveniente que la aparición de una falsa derecha religiosa que reunir a todos los conservadores descontentos en la Iglesia y evitar que la búsqueda de un liderazgo auténtico y tradicionalistas, pudiera, llegar a ser.

The Wall Street Journal, arriba, dijo: Francisco es el más expresivo representante de la izquierda.

Esto es lo que parece ser el objetivo de los cuatro cardenales, principalmente, de la carta de Burke, que es el miembro más expresivo y abierto del grupo. Su acólito principal en el ámbito público es el Obispo Schneider, cuyo papel en la falsa derecha ya he analizado.

Si esto es cierto, que creo que es así, entonces esto podría explicar por qué la Dubia fue escrita con la certeza de que no tendría una respuesta. Su objetivo sería simplemente poner a Francisco en una situación embarazosa. Pero, en realidad, los escritores estarían jugando el mismo juego, permitiendo a Francisco avanzar con una reacción controlada.

¿Cómo terminará todo esto? Podría terminar como lo sugiere el nuevo Superior General de los Jesuitas, P. Arturo Sosa: "En nuestro lenguaje de los jesuitas, se dice que es necesario conocer la opinión de todos con el fin de hacer un verdadero discernimiento comunitario."

En otras palabras, la Iglesia Progresista puede utilizar esta reacción para aumentar el "pluralismo" en la Iglesia, lo que significa que también podríamos tener dos partidos de la oposición aparente convivencia en el Vaticano. Esto ayudaría a la Iglesia a convertirse en una democracia, uno de los principales objetivos del Che Bergoglio.


Atila Sinke Guimarães



Traducido con google y algunas correcciones. 

martes, 3 de enero de 2017

LA CONQUISTA DE GRANADA




José Javier Esparza

Sin aquel episodio, sin la conquista de Granada, hoy no estaríamos hablando de España. No sólo fue decisiva para nuestra Historia. Toda Europa la vivió, en aquel mismo momento, como una noticia formidable.


El 2 de enero de 1492, tras diez años de guerra, las tropas de los Reyes Católicos entraban en Granada, el último estado islámico de la península. El rey nazarí, Boabdil, rendía la ciudad y negociaba con Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, las condiciones de la capitulación. Así desaparecía el último reducto de poder musulmán en España desde aquel lejano año de 711. La Reconquista había terminado. La unificación de los reinos españoles era ya un hecho; Navarra no tardaría en ser incorporada a la Corona. Sin aquel episodio, sin la conquista de Granada, hoy no estaríamos hablando de España.

La conquista de Granada fue un acontecimiento de alcance universal. No sólo fue decisiva para la Historia de España. Toda Europa la vivió, en aquel mismo momento, como una noticia formidable, uno de esos sucesos que hoy llenarían horas de radio y televisión, portadas y portadas de periódicos. En Roma se celebraron grandes solemnidades religiosas que culminaron con una gigantesca procesión de tres días, presidida por el Papa. En el reino de Nápoles, la victoria cristiana fue conmemorada con una obra teatral cuyos personajes alegóricos eran la Alegría, el Falso Profeta Mahoma y la Fe. En Londres, en la abadía de Westminster, el Canciller de la Corona, ante una enorme multitud convocada por las campanas, anunció solemnemente la victoria de los cristianos sobre los musulmanes. En España, uno de los grandes poetas del momento, Juan del Enzina, escribió este romance invitando a Boabdil a abrazar la Cruz:

“¿Qués de ti, desconsolado? / 
¿Qués de ti, rey de Granada?

¿Qués de tu tierra y tus moros? / 
¿Dónde tienes tu morada?



Reniega ya de Mahoma /
y de su seta malvada,


que bivir en tal locura
/ es una burla burlada.



Torna, tórnate, buen rey,/ a nuestra ley consagrada,


porque si perdiste el reyno / tengas ellalma cobrada;


de tales reyes vencido
/ onrra te deve ser dada.



¡O Granada noblecida,/
por todo el mundo nombrada!,


hasta aquí fueste cativa/
y agora ya libertada.



Perdióte el rey don Rodrigo/
por su dicha desdichada;


ganóte el rey don Fernando/
con ventura prosperada,



la reyna doña Ysabel,/
la más temida y amada,


ella con sus oraciones/
y él con mucha gente armada.



Según Dios haze sus hechos/
la defensa era escusada,


que donde Él pone su mano
/lo impossible es quasi nada.”

¿Qué era el reino de Granada?

Lo primero que hay que explicar es qué era el reino de Granada, qué representaba y por qué fueron necesarios diez años de guerra para conquistarlo. El reino de Granada era, para la época, una potencia importante. Había nacido hacia el siglo XIII (1236) de la descomposición del Islam español. Mohamed ibn Nasr, llamado “el rojo”, Alhamar, por el color de su barba, se proclamó sultán e instauró un reino independiente y una dinastía propia: la nazarí, es decir, los descendientes de Nasr. El territorio de este reino no era desdeñable: algo más de la mitad oriental de lo que hoy es Andalucía. Tenía una población muy numerosa para la época (se calcula en unos 300.000 habitantes), una economía muy activa, buen suelo agrícola y largas costas, con una posición privilegiada en el Mediterráneo.

En una situación así, los reyes de Granada tendrán sobre todo dos objetivos. Uno, arreglarse con los reyes cristianos, es decir, con Castilla y Aragón. Castilla era poderosa, pero estaba muy poco poblada y tenía muchos problemas para consolidar los territorios conquistados. En cuanto a Aragón, su principal finalidad era que nadie estorbara a sus barcos en el Mediterráneo. Los nazaríes ofrecerán arreglos satisfactorios para ambos, generalmente bajo la forma de tributos económicos, las parias. Y el segundo objetivo de los reyes de Granada será asegurarse la amistad de los musulmanes del otro lado del mar, los benimerines del norte de África, por si acaso hacía falta su concurso. Con este sistema, el reino aguantará más de doscientos años. Fue especialmente brillante el siglo XIV, con un gran impulso cultural. A partir de ese momento, sin embargo, Granada entrará en decadencia, especialmente por las luchas dinásticas. Cada vez le es más difícil mantener sus territorios, que se van desprendiendo, como a jirones, en manos de los castellanos, mientras la vida interna del reino nazarí es una perpetua querella. Cuando Fernando e Isabel unen las coronas de Aragón y Castilla, en 1479, Granada ya es un caos.

Enfrente están los Reyes Católicos, en efecto. Dos reyes con un proyecto. Hay que insistir en lo que suponen los Reyes Católicos para España. Hasta ese momento, las coronas de la península habían llevado una vida muy cerrada sobre sí mismas; en el caso de Castilla, además, con una larga y cruenta guerra civil. Fernando e Isabel vienen, por así decirlo, con ideas nuevas. En el espacio de Occidente se ha impuesto el ideal de la “república cristiana”, de la organización política construida en torno a una identidad religiosa, y la columna vertebral de esa organización es la Corona. Los predecesores de los Reyes Católicos no sabían nada de todo esto, pero Fernando e Isabel sí; son las ideas que flotan en el ambiente.
Además, recobra vigencia la idea-fuerza de la recuperación de la España perdida, una idea que nace en la corte asturiana en el siglo IX, que a lo largo de la Reconquista aparecerá y desaparecerá para volver a reaparecer, que con el tiempo se funde con el ideal de la Cruzada y que ahora, además, encaja perfectamente con ese otro ideal de la república cristiana. Para lograr este objetivo hay que conquistar Granada. Y así la toma de Granada se convertirá, para los Reyes Católicos, en una auténtica obsesión.

Las etapas de la guerra

Fernando e Isabel acometen la empresa de Granada en 1482. Puede sorprender que la conquista durara nada menos que diez años, pero es que no fue en modo alguno una guerra fácil. Las fuerzas que los Reyes Católicos tienen a su disposición no son muy numerosas. Algunas crónicas aportan cifras fabulosas, de hasta 80.000 hombres, pero la verdad es que la mayor parte de la gente que se movilizaba eran tropas auxiliares para servicios de intendencia y de transporte. La fuerza principal serán las huestes señoriales del territorio andaluz, y éstas estaban compuestas por grupos relativamente pequeños. Sólo con el tiempo irá asentándose un ejército profesional que será, más tarde, el que dará origen a la infantería española y a los tercios. Por otro lado, la geografía del Reino de Granada, lleno de serranías, impedía librar grandes batallas campales. De manera que las batallas de la guerra de Granada serán largos episodios de sitio y asedio de fortalezas, al típico estilo medieval, combinados con correrías en campo enemigo para hacerse con víveres y volver después a las propias líneas. Las tropas se organizan al empezar la primavera y combaten hasta que entra el otoño; se retiran en invierno y, en primavera, otra vez a la pelea. A veces se cobrarán la pieza, como cuando se conquistan Baza o Alhama; otras veces los frentes estarán paralizados durante meses.

En una guerra así, los nazaríes pueden resistir con alguna comodidad. Pero el Reino de Granada tenía dentro su propio cáncer: la enemistad a muerte en el interior de la familia real. El sultán Abul-Hasam Alí, llamado Muley Hacén en las crónicas cristianas, está en guerra con su hijo Boabdil. Muley Hacén se apoya en un poderoso clan, los abencerrajes, pero éstos se insubordinan. Así que el sultán tiene que huir junto a su hermano, Muhamad al-Zagal, llamado en las crónicas El Zagal, y se hace fuerte en Málaga. Cuando muere Muley Hacén, El Zagal reclama el trono. Mientras tanto, Boabdil reina en la ciudad de Granada. La situación es caótica: el Zagal combate a los cristianos por su lado, Boabdil hace lo propio por el suyo, y a la vez ambos bandos moros se enfrentan entre sí. En uno de estos lances, Boabdil cayó preso de las tropas cristianas. Los Reyes Católicos le impusieron condiciones de vasallaje que dieron la vuelta a la situación.

A Fernando el Católico se le ocurrió una idea realmente malévola: utilizaría a Boabdil como punta de lanza contra su tío, el Zagal; ofreció a Boabdil territorios propios en señorío, a cambio de pelear contra la otra facción mora. Así en la guerra civil nazarí los castellanos pasarán a combatir junto a Boabdil y contra el Zagal. Éste, el Zagal, sucumbe en 1490: entrega a Castilla sus tierras y emigra a Argelia. Los Reyes Católicos anuncian el final de la guerra. Llega el momento de pedirle cuentas a Boabdil. Pero Boabdil, al parecer presionado por los partidarios de seguir la guerra, incumple el contrato. Y vuelta a empezar.

El impulso final

A partir de la primavera de 1490, Boabdil intenta pasar a la ofensiva; sueña con sublevar a los musulmanes de los territorios ya controlados por los Reyes Católicos. Pero fracasa: la población, que no guardaba buen recuerdo del gobierno despótico de Muley Hacén, vuelve la espalda a la dinastía nazarí. Boabdil termina encerrándose en la Alhambra. Fernando e Isabel saben que Granada es inexpugnable, de manera que preparan un largo asedio. Instalan un campamento permanente en Santa Fe y se disponen a rendir la ciudad por hambre.

Lo del hambre no es una metáfora. En las semanas anteriores a la rendición, los habitantes de la ciudad se comieron sus caballos, sus perros, sus gatos y, al final, a 260 cristianos que tenían en prisión. Lo cuenta un manuscrito inglés de la época, redactado por el prior de Leicestershire según las noticias que le transmitió un cruzado que participó en el asedio; lo ha descubierto el profesor de Tenerife José Gómez Soliño. Según ese documento, en Granada había en aquel momento 24.000 personas entre 12 y 23 años, además de viejos y niños más pequeños. Como la población total era de en torno a 30.000 personas, podemos suponer que la defensa de la ciudad no provocó la muerte de demasiada gente. A todo esto, nadie crea que, mientras tanto, Boabdil se dedicaba a guerrear. Más bien se dedicó, en secreto, a negociar y renegociar las condiciones de la rendición. Finalmente, el 25 de noviembre de 1491 Boabdil firmaba unas capitulaciones, bastante generosas, que significaban el final de la resistencia. Un fragmento de aquel texto decía así:

“Es asentado y concordado que sus altezas y sus descendientes, para siempre jamás, dejarán vivir al dicho Rey Muley Baudili, y a los dichos alcaides y alcaldis y sabios y muftíes -al-faquíes-, y alguaciles y caballeros y escuderos, y viejos y buenos hombres y comunidad chicos y grandes, estar en su ley y no les mandarán quitar sus aljamas y sumaas y almuédanos y torres de los dichos almuédanos, para que llamen a sus açalaes, y dejarán y mandarán dejar a los dichos aljamas sus propios y rentas como ahora los tienen, y que sean juzgados por su ley sarracena con consejos de sus alcaldis según costumbre de los moros, y les guardaran y mandaran guardar sus buenos usos y costumbres. Ítem es asentado y acordado que no les tomarán ni mandarán tomar sus armas y caballos ni otra cosa alguna, ni en tiempo alguno para siempre jamás, excepto todos los tiros de pólvora grandes y pequeños que han de dar y entregar luego a sus altezas. Ítem es asentado y acordado que ningún judío no sea recaudador ni receptor, ni tenga mando ni jurisdicción sobre ellos. Ítem es asentado y acordado que a ningún moro o mora non haga fuerza a que se torne cristiano ni cristiana”.

El día 2 de enero de 1492 se rendía formalmente la ciudad. El 6 de enero los Reyes Católicos hacían su entrada triunfal en Granada y pisaban la Alhambra.

La Gran Unificación

Tan enorme eco tuvo la conquista de Granada, que el Papa Julio II no dudó en otorgar a Fernando el Católico el título de rey de Jerusalén (que aún conserva el Rey de España). El Papa aspiraba a una nueva cruzada en Tierra Santa. Pero los Reyes Católicos tenían planes más inmediatos. Estaban construyendo una gran unificación y no se apartarían de su proyecto. Y como la fuente de la legitimidad en aquella época era la Corona y la Religión, será a través de ambas como materializarán su proyecto. La unión de la Corona la encarnaban ellos. Y la unión de la religión vendrá, tras la toma de Granada, con la expulsión de los judíos. Pero habrá más unificaciones: en ese mismo año Antonio de Nebrija presenta a la reina Isabel I su Gramática de la lengua castellana, la primera gramática europea de una lengua vulgar, que significará la unificación lingüística del reino.

¿Y qué fue de Boabdil? Leyendas románticas aparte, Boabdil se retiró a las Alpujarras y se dedicó a cazar, que era lo que le gustaba. Pero en 1493, deprimido por la muerte de su esposa, Moraima, decidió cambiar sus tierras a los Reyes Católicos por una fuerte suma de dinero y se instaló en el reino de Fez. Allí viviría hasta 1533, cuando los españoles ya están en Cartagena de Indias y Perú. Aquellos españoles a los que los Reyes Católicos, con la conquista de Granada, dieron una única bandera.

Fuente: La Gaceta

El Gobierno del PP se plantea sustituir algunas fiestas cristianas por festividades islámicas en el calendario laboral español



El director general de Cooperación Jurídica Internacional y Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia, Javier Herrera-García Canturri, ha señalado la posibilidad, en una entrevista concedida a Europa Press de la que informa Infovaticana, de que el Gobierno incluya algunas festividades musulmanas, como la Ruptura del Ayuno, en el calendario laboral español, cediendo así a las presiones del colectivo islámico. De este modo, Herrera ha asegurado que esto es algo que el Gobierno de Mariano Rajoy El Gobierno del PP se plantea sustituir algunas fiestas cristianas por festividades islámicas en el calendario laboral español está “contemplando”, si bien ha subrayado la dificultad de que se lleve a término, ya que el número total de fiestas es inmodificable (por tanto, si se quisiera introducir otra, habría de hacerse en sustitución de una fiesta cristiana o civil).

Lo cierto es que esta medida, de adoptarse finalmente, no sería repentina. No en vano, algunas empresas ya conceden el mes de vacaciones a sus empleados musulmanes en Ramadán o permiten a éstos librar en un día laboral que coincida con una festividad de su religión. A cambio, claro, de que trabajen en jornadas de festividades cristianas o civiles.

Por su parte, el subdirector de relaciones con las Confesiones, Jaime Rosell, preguntado por la petición de la Comisión Islámica de España de adelantar los exámenes de selectividad para que no coincidan con el Ramadán, ha señalado que las consejerías de Educación afectadas se “han comprometido a estudiarlo”.

En esta misma línea, el subordinado de Rafael Catalá -ministro de Justicia que dijo “sentirse orgulloso” de la Ley de Memoria Histórica- ha aseverado que el Gobierno planteará durante la presente legislatura la posibilidad de incluir en la Declaración de la Renta una casilla como la de la Iglesia católica para las otras religiones con cierto (más bien exiguo, en realidad) arraigo en nuestro país: Musulmanes, judíos, evangélicos, mormones, budistas, testigos de Jeová y ortodoxos. Según ha relatado Herrera en la entrevista, este asunto se trató en uno de los grupos de trabajo que se constituyeron en el Ministerio de Justicia cuando la legislatura completa anterior ya agonizaba.

No se modificarán los acuerdos con la Santa Sede

Preguntado por los acuerdos de 1979 entre el Estado y la Santa Sede, Herrera ha querido afirmar que “no es un tema que esté en absoluto sobre la mesa”. De este modo, el empleado del Ministerio de Justicia ha tranquilizado a la Iglesia y ha lanzado un mensaje a quienes utilizan este tema como reclamo electoral: “Saben que no hay ningún motivo, ninguna necesidad y ninguna voluntad”.

Herrera también se ha referido a los problemas que suponen para los judíos que las oposiciones oficiales se convoquen en sábado. Así, ha asegurado que el Ministerio de Justicia se está planteando incluir en las solicitudes una casilla en la que el opositor israelita pueda mostrar la inconveniencia para él de hacer el examen ese día.