viernes, 17 de mayo de 2013

“SEÑALES”

Esas “señales” a favor de Bergoglio


    
 EL CARDENAL SCHÖNBORN


El cardenal Schönborn habla de los “signos sobrenaturales” que recibió sobre el argentino antes del Cónclave y después en la Capilla Sixtina


05/15/2013 VATICAN INSIDER
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, afirmó hace algunos días que recibió personalmente dos “signos fuertes” sobre el hecho de que el cardenal Jorge Mario Bergoglio era el elegido para el trono de Pedro.

El purpurado austriaco, alumno de Joseph Ratzinger y considerado como uno de los “papables” durante el último Cónclave, habló de la elección de Francisco en Londres, durante una conferencia ante 5 mil personas en el Royal Albert Hall, organizada por la Holy Trinity Brompton Church.

Schönborn dijo que solo un evento sobrenatural es capaz de explicar la velocidad con la que fue elegido el purpurado argentino, que no figuraba entre los candidatos más fuertes según los análisis de muchos vaticanistas.

El arzobispo de Viena explicó que el 12 de marzo por la tarde, cuando el Cónclave ya había comenzado, ninguno de los cardenales sabía quién habría sido elegido: “Fue una experiencia extraordinaria del Espíritu Santo… Nosotros fuimos guiados por el Espíritu Santo hacia este hombre que estaba sentado en el último rincón de la Capilla Sixtina: este hombre es el elegido”.


¿Está seguro que era el Espíritu Santo, Su Eminencia?

Schönborn añadió: “yo recibí dos señales fuertes: de una puedo hablar, de la otra no, porque sucedió en el Cónclave. Se trata de verdaderas señales a través de las que el Señor me indicaba que era él”. El cardenal explicó que después de la misa ‘pro eligendo Pontifice’, celebrada por los purpurados en San Pedro el 12 de marzo por la mañana, se encontró con una pareja de amigos latinoamericanos.

“Me los encontré afuera de la Basílica y les pregunté: ‘ustedes que tienen al Espíritu Santo, ¿pueden darme un consejo para el Cónclave que va a empezar dentro de pocas horas?’. La mujer me susurró al oído: ‘Bergoglio’, y esto me sorprendió mucho: si estas personas dicen ‘Bergoglio’, será una indicación del Espíritu Santo”.

Una segunda señal llegó durante las horas del Cónclave, que concluyó al día siguiente, el 13 de marzo. “Estoy seguro -dijo Schönborn- de que muchos de nosotros recibimos señales semejantes en el Cónclave, porque de lo contrario no habría sido posible llegar a la elección tan rápidamente”.

Las palabras del arzobispo de Viena ayudan a entender la dinámica de lo que sucedió dentro de la Capilla Sixtina; debido a su formación (la pertenencia al grupo de “Communio”) y a sus relaciones de amistad, Schönborn era considerado como uno de los posibles electores de “papables” como los cardenales Angelo Scola, arzobispo de Milán, o Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos. En cambio, parece ser que desde las primeras votaciones tenía las ideas muy claras sobre el purpurado argentino. 



ANTECEDENTES DEL CARDENAL SCHONBORN:



jueves, 16 de mayo de 2013

UN VÍDEO DE UN JEFE TERRORISTA SIRIO COMIENDOSE EL CORAZÓN DE UN SOLDADO MUERTO DA LA MEDIDA MORAL DEL BANDO APOYADO POR OCCIDENTE


"JURO A DIOS QUE NOS COMEREMOS LOS CORAZONES Y LOS HÍGADOS DE LOS SOLDADOS DE BASHAR, EL PERRO"
Un vídeo de un jefe terrorista sirio cortando el corazón de un soldado y comiéndoselo se ha convertido en el símbolo de la altura moral del bando apoyado por occidente.
El vídeo fue colgado en internet el pasado domingo y que en sus imágenes se contempla a Abu Sakkar, fundador de la Brigadas Independiente Omar Faruk arrancando el corazón de un soldado del ejército sirio muerto, y comiéndoselo.
“Juro a Dios que nos comeremos los corazones y los hígados de los soldados de Bashar, el perro”, dice el terrorista canibal de Homs, mientras sus camaradas corean “¡Dios es grande!”.
La Brigada Omar Faruk, es una de las bandas terroristas que combaten al gobierno y al ejército de Siria con el apoyo político, financiero y militar de EEUU, Gran Bretaña y otras naciones occidentales. Hace un mes la Brigada cruzó la frontera con Líbano para bombardear los pueblos chiítas de al-Qasr y Hawsh al-Sayyed, asesinando a 2 civiles e hiriendo a otros tres.
El video es fácilmente encontrable en internet, y dado lo extremadamente cruel del mismo, en TD hemos optado por abstenernos de reproducirlo en nuestras páginas.

FRUTOS DEL V-II: FREI BETTO REHABILITADO


Por los amigos de Fratres in unum me entero de que la Arquidiócesis de Natal –en preparación de la 5ª Semana Social del Brasil- organizó el 10 y 11 de mayo un Seminario, donde habló el marxistoide Frei Betto sobre “O papel civilizatório dos Movimentos Sociais e a luta pela democratização”.




Entre una de las incontables “perlas” del dominico castrista-sí, sigue siendo fraile- destaco esta pregunta suya sobre el putimonio: 

“¿Por qué fingir ignorar que el amor exige la unión, y querer que esa unión permanezca al margen de la ley? En el matrimonio los verdaderos ministros son los novios. Y no el sacerdote, como muchos piensan. ¿Puede la teología negar la esencial sacramentalidad de la unión de dos personas que se aman, aunque sean del mismo sexo?” 

Sufficit. 


Pero ¿qué se puede esperar de un Arzobispo como Dom Jaime Vieira Rocha que no tiene empacho en fotografiarse así?


martes, 14 de mayo de 2013

APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA, CONTRA CRISTO, Y CONTRA DIOS


APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA 1517, APOSTASÍA  CONTRA CRISTO 1717, 
Y APOSTASÍA CONTRA DIOS 1917 

Desde hace medio milenio los combates librados por el mundo contra la verdad de la Iglesia Católica han conducido a errores cada vez más profundos y peligrosos, desencadenando hasta revoluciones. Es muy interesante notar que los procesos históricos más fundamentales de la era moderna se dieron en tres fechas semejantes: en los años 1517 (protestantismo), 1717 (masonería) y 1917 (comunismo), en los que se manifiesta, en Occidente, un avance verdaderamente sistemático de la apostasía de la Verdad de Dios, que irradia desde allí a todo el mundo. 

Jesucristo dice a sus Apóstoles: “Como me envió mi Padre, así os envío Yo”. En esta palabra de Cristo tenemos tres niveles: el Padre – Cristo – los Apóstoles (la iglesia). El Padre envía a Cristo. Cristo envía a los Apóstoles. Cristo dice: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza, ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a aquel que me envió” (Lc. 10,16)1. Y justamente en estos tres pasos, tuvo lugar la apostasía de la Verdad durante los últimos siglos: apostasía contra la Iglesia Católica (1517), apostasía contra Cristo (1717), y apostasía contra Dios (1917). Este desarrollo es del todo consecuente y, en su avance es, un cierto sentido, necesario. Aquel que rechaza a los enviados de Cristo, los sucesores de los Apóstoles (es decir la Iglesia Católica), rechaza en consecuencia también a Cristo. El que rechaza a Cristo, rechaza consecuentemente también a Dios Padre. La historia del último medio milenio ha confirmado así, y de manera aterradora, estas palabras de Cristo. 

En 1517, con la publicación de las tesis de Lutero se marca, al menos exteriormente, el comienzo decisivo del protestantismo. De los dos “envíos” mencionados Lutero reconoce solamente uno: la mediación de Cristo hacia Dios, pero no la mediación de la Iglesia hacia Cristo. De aquí las sentencias programáticas de Lutero: “Solo las Escrituras” y no el Magisterio de la Iglesia; “Solo la gracia” y no la mediación a través del sacerdocio y de los sacramentos. “Solo Dios” y ninguna mediación a través de los Santos del Cielo. 

En 1717, con la fundación de la masonería en Inglaterra, se marca la siguiente etapa de la apostasía. El rechazo de la Iglesia y de su Magisterio por Lutero trajo como consecuencia ulterior el rechazo absoluto de la revelación de Dios dentro de este mundo. Como la encarnación de Jesucristo constituye el punto culminante de la revelación de Dios, será especialmente rechazada. La filosofía masónica no es atea: postula un ser superior, gran arquitecto del mundo. Por lo tanto, los masones no son ateos, sino que abogan por el deísmo (Dios ya no actúa más en el mundo después de la creación) y por el agnosticismo (es imposible conocer la verdad), y en el campo de la ética postulan, consecuentemente, el liberalismo (libertad en todos los ámbitos en lugar de autoridad o ley). Aquí se ve la realización del primer paso antes mencionado: “Quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza”. Así como Lutero rechazó la mediación de la Iglesia, así también rechazan los masones a Cristo y con Él, toda mediación o puente hacia Dios. Es por eso que sostienen el deísmo, que rechaza a priori no solamente la Divina Providencia y la posibilidad de milagros, sino también toda autoridad divina. 

En 1917, con el estallido del comunismo, se marca la tercera etapa en esta revolución social contra Dios. Ya que desde 1717 se ha negado categóricamente la actuación de Dios en el mundo y cualquier intervención suya después de la creación, llegamos como consecuencia al último paso: al perfecto ateísmo y antiteísmo. El comunismo es, efectivamente, en esencia, un ateísmo social combativo. No es, en ningún caso, un sistema meramente económico al que se agrega sólo externamente el ateísmo. El comunismo entronca con la Revolución Francesa, especialmente a través de Rousseau. También entre la masonería y el protestantismo existe una clara relación fácil de deducir viendo quiénes han sido sus artífices: los dos principales fundadores de la masonería son Jean Théophile Désaguliers y James Anderson, uno pastor protestante y el otro teólogo protestante. 

“Quien me odia a Mí, odia también a mi Padre” (Jn. 15,23). El segundo nexo consecuente trazado claramente por Cristo, se hace realidad aquí. Esta última consecuencia que llega hasta el odio de Dios, se muestra claramente en el comunismo y de modo muy combativo. Se había anunciado en la masonería más avanzada. “Quienquiera niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1Jn. 2,23.

Todos estos errores de la Era Moderna no permanecieron sólo en el plano teórico, sino que transformaron la vida de la humanidad y de la sociedad en todos sus aspectos. Condujeron necesariamente a una persecución de cristianos sin precedentes. De acuerdo a recientes declaraciones rusas, 200.000 sacerdotes y religiosos (católicos y ortodoxos) perecieron víctimas del terror stalinista: fusilados, ahorcados, crucificados o expuestos a morir congelados. 

Martillo y hoz no se limitaron solamente a derramar la sangre de mártires sino que también aplicaron a sus pueblos subyugados, sin el menor escrúpulo, medidas de terror de una violencia y crueldad monstruosas. Según las prudentes estimaciones de los autores del “Libro Negro del Comunismo” la erección de la utópica visión de la sociedad sin clases sociales costó alrededor de 100 millones de víctimas humanas: 20 millones de muertos en la Unión Soviética; 65 millones en China; 1 millón en Vietnam; 2 millones en Corea del norte; 2 millones en Camboya; 1 millón en Europa del Este, 150.000 muertos en América Latina; 1,7 millones en África y 1,5 millones en Afganistán, lo cual suma casi 100 millones de víctimas humanas.2 Estas masacres se llevaron a cabo de tres maneras diferentes: mediante ejecuciones de todo tipo como fusilamiento, horca, ahogamiento, apaleo, envenenamiento, cámaras de gas; por hambrunas intencionalmente provocadas o no evitadas deliberadamente y por deportaciones, ya sea por prolongadas marchas a pie, ya por hambre, enfermedad o frío dentro de vagones de transporte de ganados, ya por agotamiento en trabajos forzados. El intento ateo de establecer un cielo sin Dios aquí en la tierra conduce siempre al infierno. 

La Santa Iglesia, previendo las consecuencias de las explosivas ideas marxistas, ha condenado el sistema comunista ya 71 años antes del estallido de la Revolución de Octubre de 1917. Así, en el año 1846, el Beato Papa Pío IX alza la vos a través de su encíclica Qui Pluribus, condenando “la nefanda doctrina del comunismo contraria al derecho natural que, una vez admitida, echa por tierra los derechos de todos, la propiedad y la misma sociedad humana”.Pío IX reafirma después esta reprobación en el Syllabus.4 

León XIII, su sucesor, en la encíclica Quod Apostólici Muneris, desenmascara el comunismo como “mortal pestilencia que se infiltra por los miembros íntimos de la sociedad humana y la conduce a un extremo peligroso”.5 

También Pío XI dedica una encíclica entera a condenar y advertir solamente contra:

“el comunismo bolchevique y ateo que tiende a derrumbar el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana (…) contraponiendo a estos falsos principios la luminosa doctrina de la Iglesia e inculcando de nuevo con insistencia los medios con los que la civilización cristiana, única “civitas” verdaderamente “humana”, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar de la sociedad humana”.6

El error del comunismo lo lleva, en su exigencia absoluta y exclusiva, a pretender no sólo una reforma social, sino, y eso desde el primer momento, a promover una revolución mundial para lograr el poder mundial total. 

“Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas sostienen que los hombres pueden acelerar el conflicto que ha de conducir el mundo hacia la síntesis final. De ahí sus esfuerzos por hacer más agudos los antagonismos que surgen entre las diversas clases de la sociedad; la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, toma el aspecto de una cruzada por el progreso e la humanidad. En cambio, todas las fuerzas, sean las que fueren, que resistan a esas violencias sistemáticas, deben ser aniquilados como enemigos del género humano.”7
Es interesante constatar la coincidencia casi exacta entre los cinco meses de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima (desde el 13 de mayo de 1917 al 13 de octubre de 1917) y el tiempo de los preparativos revolucionarios de Lenin en Rusia. Los niños videntes, en aquella época, no podían saberlo. Al respecto, el Padre Josef Schweigl SJ escribe: 

“El 16 de abril volvió Lenin de su exilio y comenzó de inmediato su lucha contra el gobierno liberal. Ya después de tres meses había ganado tal influencia que podía arriesgar un primer intento de revolución. El 17 de julio, algunos días después de aquel 13 de julio en el que María había entregado su mensaje a los tres pastorcitos, tuvo lugar en San Petersburgo una manifestación de casi medio millón de trabajadores, los que bajo la conducción de Lenin, transformaron la manifestación en un alzamiento armado con el objetivo de hacer caer al gobierno provisorio y proclamar el gobierno de los Soviets. Los bolcheviques fueron los dueños de la ciudad por tres días. La situación era tan crítica que el gobierno se vio en la obligación de retirar parte de las tropas del frente, con cuya ayuda pudo sofocar la revuelta. (…) Justamente el 13 de octubre, el día de la última aparición de Nuestra Señora en Fátima, Kerenski publicó en su diario Delo Naroda un artículo con el encabezamiento: “Perseverar, Resistir”, en el que exhortaba al pueblo a perseverar en la guerra hasta la victoria final. Al leer este artículo, Lenin se puso tan furioso que decidió ese mismo día consumar la revolución8. Todo lo que siguió fue nada más que la consecuencia práctica de esta decisión. Primeramente, la revolución del 7 de noviembre(el 25 de octubre sgún el Calendario Juliano, de donde el nombre de Revolución de Octubre), y luego el armisticio de Brest-Litowsk con Alemania el 5 de diciembre: y, al año siguiente, la paz especial, que fue concluida en la misma ciudad”.

Notas:

1 Jesucristo afirma lo mismo en varios pasajes más de las Escrituras Santas pero con otras palabras. Véase al respecto: 1 Jn. 2,23; Jn. 14,6; Jn. 5,23; Jn. 8,19; Jn.8,42; Jn. 15,23; Jn. 14,7; y 1 Jn. 2,22.
2 Cfr.: Courtois, Stéphane, et alii, Schwarzbuch des Kommunismus, Müchen/Zürich 2000, p. 16. Este libro es una traducción de la obra francesa Le Livre Noir du Communisme que ha sido traducida ya en 16 lenguas. La edición alemana apareció en la muy conocida editorial Piper. 
3 Pío IX, Encíclica Qui Pluribus del 1º de noviembre de 1846.
4 Cfr.: Pío IX, Syllabus (Colección de los errores modernos), editado el 8 de diciembre de 1864, nº IV.
5 León XIII, Encíclica Quod Apostólici Muneris, del 28 de diciembre de 1878. 
6Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris, del 1º de marzo de 1937.
7 Ibidem: pp.528 s. 
8 Cfr.: Lenin, Vladimir Iljitsch, Gesammelte Werke, t. 26, Moskau 1949, pp. 111 ss. 
9 Schweigl, Josef, SJ, Fátima und die Bekehrung Russlands, Leutesdorf 1956, p. 23.

Padre Gérard Mura, "FÁTIMA ROMA MOSCÚ"

viernes, 10 de mayo de 2013

DICHOS DE SANTOS


“¡Oh, Cristianos! Tiempo es de defender a vuestro Rey y de acompañarle en tan grande soledad, que son muy pocos los vasallos que le han quedado y mucha la multitud que acompaña a Lucifer; y lo que es peor, es que se muestran amigos en lo público y véndenle en lo secreto; casi no halla de quien se fiar”.

Santa Teresa de Jesús

domingo, 5 de mayo de 2013

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (V)


CAPITULO 5 

Del primer grado de humildad, que, es tenerse uno en 
poco y sentir bajamente de sí mismo. 

San Laurencio Justiniano dice que ninguno conoce bien qué es humildad, sino el que ha recibido de Dios ser humilde. Es cosa muy difícil de conocer. En ninguna cosa se engaña tanto el hombre, dice este Santo, como en conocer la verdadera humildad. ¿Pensáis que consiste en decir que soy un miserable, y que soy un soberbio? Si en esto consistiera, bien fácil cosa fuera; todos fuéramos humildes, porque todos andamos diciendo de nosotros que somos unos tales y unos cuales; ¡plega al Señor que lo sintamos así y que no lo digamos solamente con la boca y por cumplimiento! ¿Pensáis que consiste la humildad en traer vestidos viles y despreciados, o en andar en oficios bajos y humildes? No consiste en eso, porque ahí puede haber también mucha soberbia, y desear uno ser tenido y estimado por eso, y tenerse por mejor y más humilde que otros, que es la fina soberbia. Verdad es que ayudan mucho estas cosas exteriores a la verdadera humildad, si se toman como deben, como adelante diremos; pero, al fin, no consiste en eso la humildad. Dice San Jerónimo: Muchos siguen la sombra y apariencia de humildad; fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada palabra llamarse miserables y pecadores; pero si a ésos les tocáis con una palabra, aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad; cesen todas las palabras fingidas, vayan fuera todas esas hipocresías y exterioridades: que el verdadero humilde, en la paciencia y sufrimiento se echa de ver; ésa, dice San Jerónimo, es la piedra de toque, donde se conoce la verdadera humildad. 

San Bernardo desciende más en particular a declarar en qué consiste esta virtud, y pone su definición: La humildad es una virtud, con la cual, el hombre, considerando y viendo sus defectos y miserias, se tiene en poco a sí mismo. No está la humildad en palabras ni en cosas exteriores, sino en lo íntimo del corazón, en un sentir bajísimamente de sí mismo, en tenerse en poco, y en desear ser tenido de los otros en baja reputación, que nazca de un profundísimo conocimiento propio. 

Para declarar y desmenuzar más esto, ponen los Santos muchos grados de humildad. El bienaventurado San Benito, a quien sigue Santo Tomás y otros Santos, pone doce grados: San Anselmo pone siete; San Buenaventura los reduce a tres; y esto seguiremos, ahora por causa de más brevedad, y para que, recogiendo la doctrina a menos puntos, la tengamos más delante de los ojos para ponerla por obra. 

El primer grado de humildad, dice San Buenaventura, es que se tenga uno a sí mismo en poco y sienta bajamente de sí; Y el medio único y necesario para esto es el propio conocimiento. Estas dos cosas son las que comprende la definición de la humildad de San Bernardo, y así sólo comprende este primer grado. La humildad es una virtud con la cual el hombre se tiene en poco a sí mismo; veis ahí lo primero. Y esto hace, dice San Bernardo, teniendo verdadero conocimiento de sí y de sus miserias y defectos. Por esto ponen algunos por primer grado de humildad el conocimiento propio, y con mucha razón. Pero nosotros, como reducimos todos los grados a tres, con San Buenaventura, ponemos por primer grado de humildad el tenerse uno a sí mismo en poco; y al conocimiento propio, ganémosle por medio necesario para alcanzar este grado de humildad; pero en la sustancia, todo es uno. Todos convenimos en que el conocimiento propio es el principio y fundamento para alcanzar la humildad y tenernos en lo que somos. Porque ¿cómo habéis de tener a uno en lo que es, si no le conocéis? no puede ser: es menester que primero conozcáis quién es, y así le tendréis y honraréis como a tal. Así, es menester que primero os conozcáis quién sois, y después teneos en lo que sois, que para eso licencia tenéis. Porque si os tenéis en lo que sois, seréis bien humilde, porque os tendréis en muy poco; pero si os queréis tener en más de lo que sois, eso es soberbia. Dice San Isidoro: Por eso se llama uno soberbio, porque se tiene y quiere ser tenido sobre lo que es y en más de lo que es. Y ésta es una de las razones que dan algunos de amar Dios tanto la humildad, porque es muy amigo de la verdad, y la humildad es verdad, y la soberbia y presunción es mentira y engaño; porque no sois vos lo que pensáis, ni lo que queréis que los otros piensen que sois. Pues si queréis andar en verdad y en humildad, teneos en lo que sois. Por cierto, que no parece que pedimos mucho en pedir que os tengáis en lo que sois y que no queráis tener en más, porque no es razón que nadie se tenga en más de lo que es, antes sería grande engaño y muy peligroso, andar uno engañado en sí mismo, teniéndose por otro de lo que es. 


EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS.
Padre Alonso Rodríguez, S.J

miércoles, 1 de mayo de 2013

DICHOS DE SANTOS


“Malditos aquellos que están guiados por la soberbia” 

Malditos los que están guiados por la soberbia, pues necesariamente caerán. La piedad alimenta a los pobres, pero también el orgullo. En las obras externas no hay diferencias. Entra, pues, en tu conciencia y examínala. Si tu corazón no te acusa de que actúas por vanagloria, no debes tener miedo. Ten miedo sólo de actuar con el fin de ser alabado. 

San Agustín 
(Comentario a la 1 carta de San Juan 8,9)